LA MIRADA INTERIOR

22- LA MUERTE... UN ACTO SAGRADO

LA MUERTE... UN ACTO SAGRADO

Intro: Relata una fábula que al notar una oruga la languidez anunciadora del fin de su estado reptante y el principio de su largo sueño de crisálida, reunió a sus compañeras y les dijo: Triste es pensar en el forzoso abandono de ésta vida que tan halagüeñas venturas me prometía, segada por la guadaña de la muerte en la flor de mi existencia, soy un ejemplo de la crueldad de la naturaleza, adiós mis buenas amigas, adiós para siempre, mañana ya no existiré, acompañada por las lagrimas y lamentaciones de las amigas que rodeaban su lecho de muerte, la oruga pasó a su otro estado, Una vieja oruga exclamó tristemente, nuestra hermana nos ha dejado, su destino es también el nuestro, una tras otra nos abatirá la guadaña destructora como a la hierba de los prados, la fe nos mueve a esperar otra vida, pero acaso sea una vana esperanza, ninguna de nosotros sabe nada de la otra vida, lamentamos el común destino de nuestra Raza, después se marcharon todas tristemente, es claro ver la ironía de ésta fábula, y nos reímos de que la oruga ignore la gloriosa vida que le espera cuando despierte del sueño de la muerte y se metamorfosee en una policromada mariposa, pero no nos sonriamos, porque todos tenemos la misma ilusión que la oruga.


Pablo:
Que extraordinario lo que dice ésta fábula Jaime, como a través de la misma, nos muestra lo que nos espera después de la muerte física de nuestro cuerpo, y nos dice que; No hay muerte, solo hay eterna, Sempiterna Vida

Jaime: Así es Pablo, hemos partido de la muerte y hemos regresado a la vida física, un viaje en el derrotero del alma, una rutina repetida con algunos viajeros que se resisten un poco a partir, otros que no ven la hora de irse para descansar, y una gran mayoría que no quiere saber nada de volver a empezar, digo yo, si nos cuesta tanto volver, si hasta nos enojamos y porfiamos con nuestros guías que nos aconsejan, y nos rebelamos cuando llega el momento de nacer, ¿por qué entonces, tanto miedo, tanto dolor, tanta tragedia, cuando llega el momento ansiado por el alma de regresar por fin a los campos de beatitud, al estado de gracia, a ese mundo de luz y amor, ¿Que nos a pasado?, ¿Dónde, en qué lugar, en qué momento, perdimos la conciencia que teníamos de nuestro ser espiritual, de nuestra esencia, de nuestra condición de seres inmortales?


Pablo: Realmente Jaime, que cierto es ese razonamiento que me das, porque en realidad, digo yo, ¿por qué, si le tememos tanto a la muerte, una vez que estamos allá, nos cuesta tanto volver acá?, quizás porque realmente ese lugar sea nuestra casa, o el hogar de nuestra alma, en fin yo digo que morir, en realidad es volver al hogar de nuestro espíritu

 

Jaime: Sí Pablo, vinimos a la vida física a aprender, a crecer y a evolucionar, para regresar más tarde a casa enriquecidos con la experiencia adquirida, pero resulta que con el afán de hacer más cómoda y placentera nuestra estadía en la tierra, nos hemos olvidado de la verdadera finalidad de nuestra presencia acá, nos hemos creído que éramos el cuerpo, cuando en realidad, el cuerpo es la ropa que nos pusimos para ir a la escuela, y cuando llega el momento de partir, nos desgarramos las vestiduras, por lo que creemos que vamos a perder, porque nos damos cuenta de que perdimos el tiempo o porque no tenemos la conciencia muy tranquila, o sea que estamos aquí en la tierra para cumplir un propósito, y venimos con un plan programado de antemano, fijate que sabemos ya lo que tenemos que hacer y aprender, pero actuamos como un muchacho enviado por su padre a un País lejano a estudiar y cuando está lejos de su casa, se olvida del estudio, seducido por las tentaciones de un País diferente

 

Pablo: Sí, en realidad nos olvidamos de nuestro Padre, y nos deslumbramos como niños en un parque de diversiones, pues creemos que el objetivo es pasarla bien, y queremos probar todos los juegos, y ganar todos los premios que sea posible, y si podemos hacer  trampas, lo hacemos ya que lo único que nos importa es ganar ¿qué tóntos que somos, verdad Jaime?


Jaime:
Así es Pablo, y se nos pasa ésta vida y cuando llega el momento de la muerte, el momento de regresar a casa, y reunirnos con nuestro Padre, no queremos saber nada, y lloramos y pensamos que es un castigo, y que nuestro Padre es injusto porque nos obliga a dejar a todos los amigos que hicimos y todas las cosa que ganamos, pero te digo que solo después de desprendernos de nuestro cuerpo y mirar hacia atrás, nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos, de lo tontos que fuimos al dejarnos encandilar por las luces de un parque de diversiones, y de que todo eso no era más que una ilusión momentánea y pasajera, y resulta que por querer poseer esa ilusión, en realidad no aprendimos nada, no cumplimos con lo que nos habíamos comprometido, y encima con el afán de poseer más, engañamos, defraudamos, robamos y no nos importó el sufrimiento de los que quedaron fuera de la feria de diversiones, y así tendremos que volver una vez más a la escuela de la tierra, y ésta vez, no habrá parque de diversiones

 
Pablo:
Quiere decir que la muerte, no es un castigo ni una maldición, solo existe la vida, y la muerte en definitiva es el punto medio de una larga vida, o sea una vida que en un momento, transcurre en el plano de la esencia y en otro momento, transcurre en el plano de la manifestación física, ¿no es así?

 

Jaime: Justamente Pablo, pues fijate que la muerte, es un pasaje, igual que el nacimiento, uno lo es de ida, y el otro de vuelta, hay una puerta de entrada y una de salida, y de las dos la más importante, es la de salida, porque es la hora de la verdad, o sea la hora de rendir cuentas, la vida física es una escuela, y la muerte es el momento del examen final, el momento en el que no podemos mentir, ni inventar lo que no aprendimos, es el momento en el que nos graduamos, o somos reprobados y enviados de vuelta a repetir la lección que no aprendimos, ¿por qué entonces tanta tragedia cuando llega el momento más trascendental de nuestro paso por la vida física?, cuando estábamos allá en el espacio, la mayoría de nosotros no quería venir, y ahora que por fin llegó el momento de la liberación, no queremos retornar al lugar de donde no queríamos salir, ¿cómo se entiende eso?

 

Pablo: Ahora, decime Jaime, ¿existe algún modo de preparación física, o algo especial para recibir a la muerte sin tenerle ese miedo que todos tenemos, cómo deberíamos encararla?

Jaime: Bien, te podría decir que para rendir un buen examen final y realmente graduarnos en el momento de la muerte, y obtener la liberación tan ansiada, es necesario respetar ese momento, y hacer de él el acto más sagrado de nuestra vida, pero desafortunadamente, empecinados como estamos en derrotar a la muerte, enceguecidos por la soberbia de arrancarle unos días más de vida, a un cuerpo que ya cumplió con su ciclo, y la medicina acuciada por no cumplir con su deber, si no agota todos los recurso de la ciencia, viola impunemente el momento para el cual nos hemos preparado durante toda una vida, y en ese momento cuando se instala la tragedia, pues lo trágico no es morir, lo trágico es impedir que una persona pueda morir en paz, con dignidad, conscientemente y acompañada por sus seres queridos, para que cada uno tenga la oportunidad de despedirse, pues lo más difícil para una persona que se está muriendo, no es la muerte, sino la soledad, la incomprensión de los otros que no entienden lo que está viviendo y que la duerman, cuando más necesita mantener su conciencia despierta


Pablo:
Mirá Jaime volviendo al tema anterior, veo que siempre es así en que todos o casi todos, hacemos lo imposible por no perder a esa persona tan querida, aún cuando vemos como vos decís que ya cumplió con su ciclo de vida, pero sobre todo, más nos duele cuando se trata no de una persona mayor con una enfermedad terminal, sino más aún si se trata de una persona joven ¿ese momento es muy difícil de entender verdad?

Jaime: Te entiendo perfectamente Pablo, pues así es como nos pasa a la mayoría, pero imaginate a un enfermo, como dijiste vos en condiciones clínicas irreversibles, internado en una unidad de cuidados intensivos, él sabe que se va a morir, pero su familia y los médicos no quieren que se muera, y ahí está él, entonces, en un mundo frío y desconocido, lejos de su casa, separado de los seres que ama, conectado a un respirador artificial, con su cuerpo ensartado con tubos y catéteres, electrodos, y drogas circulando por su cuerpo, con las manos atadas para evitar que se arranque todo lo que tiene insertado, fjate pues, su conciencia está obnubilada, su dignidad humillada y su pudor ultrajado, pues su familia no quiere que se vaya, y los profesionales se juegan su prestigio, y mientras tanto él está a punto de desprenderse de su cuerpo y rendir su examen final, o sea está a punto de ser llevado ante la presencia Divina, y tal vez obtenga su graduación y a nadie le interesa, y aquí no se puede solicitar postergación de la fecha de examen, pues es ahora o ahora, ¿que me contas?

Pablo: Viéndolo así de ese modo, realmente hasta me haces sentir mal de pensar como pienso, pero por supuesto no debemos olvidarnos que lo estamos viendo desde el punto de vista espiritual que debería ser lo verdadero para todos

 

Jaime: Así debe ser Pablo, pues como te decía, desesperados por salvar el cuerpo, con el miedo a la culpa y el terror cultural a la muerte, cargado sobre nuestras espaldas, nadie percibe la tragedia del alma, que se debate entre el dolor y la congoja de sus familiares, el sufrimiento de su cuerpo, sus propios miedos y culpas no resueltos y su esperanza de lograr por fin la paz y la liberación de sus ataduras carnales, por eso Pablo, debemos hacer todo lo imposible para evitar y alejar la muerte de un ser querido, que tiene teóricamente muchos meses o años de vida, pero si sabemos que la muerte es ineludible, nuestra actitud, debe ser diferente, o sea cuando la vida ha terminado, debemos facilitar el pasaje al otro lado del río, y es ahí en ese punto en donde fallamos, porque nacimos y hemos sido educados en una cultura con la negación y el miedo a la muerte, pues solo vemos en ella una enfermedad más y un enemigo a derrotar, y no podemos aceptarla e integrarla como un hecho natural y cotidiano de nuestra vida

 

Pablo: Cuanta razón tenés sobre lo que me comentás, pues pienso que todo podría ser distinto, si aceptásemos emocionalmente la realidad de la muerte, si comprendiéramos que la muerte, en definitiva no es un enemigo a quien tenemos que derrotar, sino que se trata del momento culminante de nuestra vida, pues es el cierre que se abrió con el nacimiento ¿o no es así?

 

Jaime: Así es, por eso debemos prepararnos con una práctica espiritual constante a lo largo de nuestra vida para abordar la muerte y el espacio entre vidas en las mejores condiciones, pues necesitamos hacer de la muerte un ejercicio espiritual, pues si estamos listos, la muerte nos liberará de la prisión que es éste mundo de aprendizaje y sufrimiento, por eso es importante conocer el proceso de la muerte, porque es como conocer la hoja de ruta con todas sus señales, porque ahora a través de las experiencias vividas aquí por los protagonistas de las historias, es que tenemos una idea más precisa del proceso de la muerte en sí y el camino a recorrer, una vez que dejamos el cuerpo, mirá para quien muere sin preparación espiritual, la angustia y el sufrimiento son inevitables, pues esa angustia se origina, en su mayor parte, en nuestra ignorancia y apego a la vida material

 

Pablo: Bien Jaime si mal no te entendí, en el momento de la muerte podemos alcanzar nuestra liberación, y si fracasamos es porque no nos liberamos, y si no nos liberamos, es porque nos apegamos a viejos hábitos que se convertirán en el núcleo de nuestra próxima vida y estará desde ya condicionada por esos hábitos ¿no es cierto?

 

Jaime: Correcto Pablo, por eso el punto decisivo es cómo morimos, y para eso, el estado del espíritu en el momento de la muerte es de fundamental importancia, pues es esencial que el espíritu, no sea distraído  ni perturbado, es la ocasión para el perdón, la puesta en orden de los asuntos no cumplidos y por sobre todo el abandono al apego, pues esencial mantener la conciencia lúcida en el momento de la muerte, si la conciencia se interrumpe, se borra la memoria y entramos en otra dimensión sin una referencia conocida y te explico que para mantener la conciencia lúcida, es imprescindible que tanto el médico como los familiares acepten la muerte como el desarrollo natural de los acontecimientos sin intentar salvatajes en el último momento, es habitual que cuando una persona llega a la muerte con mucho dolor y sufrimiento, se le apliquen sedantes para que no sufra y no se de cuenta de lo que está pasando, justamente lo que se necesita es todo lo contrario, necesitamos darnos cuenta paso a paso de lo que está ocurriendo y entonces haremos nuestra transición como si fuera un ejercicio de meditación, y al exhalar, nos dejaremos ir como si fuéramos un globo flotando en el aire

 

Pablo: Realmente Jaime, pienso en cuantas vidas más vamos a tener que transitar por acá, hasta que aprendamos a aceptar en una forma tan natural como vos decís el paso hacia la muerte, y ahora Jaime, ¿qué nos podés dejar como reflexión final para el cierre del programa?

 

Jaime: Mirá Pablo, te puedo decir que todo lo que necesitamos es familiarizarnos y aceptar la muerte como un hecho natural, o sea vivir la muerte como un rito de pasaje, y les digo a todos, dejen de lado el miedo a la muerte, porque la muerte en sí, no existe como tal, es un pasaje, de ahora en más prepárense para muerte como un examen final y les aseguro que no se arrepentirán, y cuando llegue ese momento, exijan ser respetados en su derecho a morir en forma consciente, pidan a sus familiares que los ayuden a partir en paz, que les den el sostén necesario y el último empujón, pues recuerden que del otro lado los estarán también esperando para recibirlos y acompañarlos como aquí para sus primeros pasos en el mundo espiritual y te digo Pablo, que todos podemos hacerlo, pues la muerte no es más que sacarse de encima el pesado disfraz de vivir, y te repito que morir, es volver a casa